
Leía ayer sobre el lanzamiento de dos nuevos terminales de gama baja y al ver las características técnicas vi que, al menos, compartían una de las especificaciones.
Lo cierto es que mientras se apueste por componentes de bajas prestaciones no habrá forma posible de actualizar, por lo menos, a la versión 2.3. Y lo malo es que mientras esos componentes no dejen de fabricarse la diferencia de precio con los componentes punteros será mucho mayor lo que apuntaría a los fabricantes a seguir usando esos baratos componentes que seguiría impidiendo la actualización a menos que Google sacara una especie de Android “starter”, como la versión de Windows para equipos de bajas prestaciones, que permitiera el muerte de Froyo.
Además, se plantea el problema de quedarse sin soporte dado que no creo que ni Google ni las propias compañías que montan estos smartphones tarden mucho en centrar todos sus esfuerzos en las versiones futuras de Ice Cream Sandwich. Y es que, sin que Gingerbread pueda correr en terminales de gama baja o media-baja (sin ser una ROM adaptada) la diferencia entre versiones será cada vez mayor, de hecho actualmente ya hay, sin contar con Honeycomb, un desfase de dos versiones con sus respectivas actualizaciones y mejoras, lo que diseminará aún más el mundo Android con terminales con apps y soporte y terminales, como decía al principio de este párrafo, con apps “abandonaware”.
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